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LECCIÓN 17

EL BAUTISMO DE INFANTES I

 

OBJETIVO: Al término de la Lección, y de las Lecciones 18 y 19, se habrá comprendido que la práctica cristiana de bautizar a los infantes está suficientemente sustentada tanto en la Biblia como en la teología que la iglesia desarrolló a través de los siglos, y que es la forma más saludable de reconocer el estatus que los niños han recibido de Dios al hacerlos miembros del pueblo del pacto.

 

INTRODUCCIÓN: ¿Por qué estamos abordando este tema? Es sorprendente que tengamos que hacerlo, como si se tratara de una práctica dudosa recientemente implementada por la denominación metodista. Y es precisamente porque este es el supuesto muy lamentable, registrado dentro del mismo pueblo metodista durante las últimas décadas, que nos vemos en la necesidad de incluir en este Manual semejante asunto. Algunos ignoran que la práctica de bautizar infantes ha estado presente en todos los tiempos de existencia de la iglesia cristiana, que se ha heredado de generación a generación, y que, por esto mismo, no fue una herencia que la Iglesia Católica nos dejó a los evangélicos. Y aún más, la práctica de reconocer a los infantes como miembros del pueblo de Dios, siendo candidatos para recibir el sacramento que los califica como tales, proviene no desde la iglesia primitiva, sino de muchos siglos antes, desde el Antiguo Testamento. Siendo esta práctica algo natural y que nunca en la antigüedad suscitó discusión alguna, sorprende que ahora lo debamos hacer. Esperamos despejar las dudas de quienes las tengan, y seguir celebrando este sacramento en unión con todas las iglesias de la Reforma, en unión con el cristianismo de todos los siglos, y en unión con el pueblo de Israel desde que nació en los tiempos de Abraham.

 

Tengamos cuidado en no exceder las dimensiones. Ni para Wesley en su tiempo, ni para nosotros hoy, la doctrina del bautismo de infantes es una de las doctrinas prominentes del metodismo. Wesley lo practicaba y lo recomendaba de manera natural, ya que la Iglesia Anglicana, de la cual él fue miembro hasta el momento de su muerte, lo practicaba. Y del mismo modo, las iglesias reformadas o evangélicas, la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Católica lo practicaban sin ser para nada motivo de discusión. Hoy nuestra Disciplina dice que debe retenerse, que debe promoverse, pero no queremos decir que esta práctica nos distinga o caracterice. No. Si le damos este espacio en el Manual presente es sólo con el fin de aclarar sus bases en respuesta a los metodistas que se han alejado de tan saludable sacramento infantil.

 

  1. DOCTRINA OBTENIDA POR DEDUCCIÓN BÍBLICA

 

  1. No es asunto de términos.

Si alguno insistiera en que deseare encontrar en el Nuevo Testamento la frase “bautismo infantil”, tendremos que decirle que, por supuesto, no se encuentra allí. Y podemos silenciar esa insistencia al aseverar que en el N. T. tampoco está la frase “bautismo de adultos”. Tanto la práctica del bautismo infantil como la práctica del bautismo de adultos las admitimos porque ambas se obtienen por deducción al leer algunas citas de la Biblia.

 

  1. Esto mismo ocurre con la doctrina de la Santísima Trinidad. No hay un texto que diga que Dios es un solo Dios dentro del cual hay tres personas de una misma naturaleza y dignidad. A pesar de que la Santísima Trinidad no está mencionada en la Biblia, nosotros sabemos que Dios es trino y uno a la vez porque lo deducimos de nuestra lectura de ciertas  citas bíblicas. Y es el mismo caso de la doctrina sobre las dos naturalezas de Cristo, esta frase no se haya en ningún lado en toda la Biblia, pero la deducimos de algunos pasajes bíblicos. ¿Queremos otro ejemplo? Entonces recapacitemos en que no existe en la Biblia la frase la omnisciencia de Dios. ¿Y entonces por qué creemos que Dios es omnisciente? Porque encadenamos algunas citas bíblicas, y de allí deducimos dicha doctrina. O pensemos también, ¿dónde dice la Biblia que se cambió el día del Señor del sábado al domingo? En ningún lado, pero lo deducimos de varias citas bíblicas. Otra más: Las Escrituras no dicen que las mujeres puedan tomar la Santa Cena. Y entonces, ¿por qué las aceptamos en la mesa del Señor? No porque nosotros hayamos creado esa práctica, sino por la deducimos de algunas referencias bíblicas. Y así podríamos seguir y seguir dando ejemplos.

 

  1. Sólo la necedad haría que alguien cerrara todo diálogo pidiendo de una manera arbitraria que se le muestre la frase bautismo infantil en la Biblia, como condición para admitirlo. La pregunta no debe ser ¿dónde está esa frase en el Nuevo Testamento? La pregunta correcta es, ¿de cuáles citas bíblicas se deduce el bautismo infantil en las Escrituras? El bautismo infantil está enseñado en la Biblia, y podemos leer sobre ese tema, pero no buscando frases declaratorias, sino admitiendo que Dios nos lo dice a través de la enseñanza sencilla de toda la Biblia. Así que, es una doctrina obtenida por deducción, no por la enunciación o la declaración.

 

  1. El bautismo infantil no está negado o prohibido en la Biblia.

Esto es importante. En cierta ocasión una persona puso una Biblia en las manos del escritor de esta lección, con las palabras: “Dime con esta Biblia dónde está el versículo que ordena el bautismo de niños”, por lo que este servidor le regresó la Biblia a sus manos con otras palabras: “Dime tú con esa Biblia dónde está el versículo que prohíbe que se bautice a los niños”. Así pues, tómese en cuenta que la Biblia no prohíbe el bautismo infantil. Si así fuere, desde luego que nuestra iglesia no los bautizaría incurriendo en una desobediencia a la Palabra de un Dios vivo. En cambio, las Escrituras contienen el suficiente material para deducirlo, sin contravenir ninguna enseñanza bíblica. Prohibir el bautismo de infantes significaría dejar un gran vacío, ignorando una vasta y trascendental enseñanza bíblica a la que se le restaría importancia.

 

  1. IMPORTANCIA DE LA FAMILIA ANTE DIOS

 

  1. Dios no creó al hombre para la soledad, sino para formar parejas que procreen hijos; como una entidad no individual sino familiar. Por eso el pecado de Adán y Eva afectó a toda su descendencia, a toda su familia, y esto porque así lo dispuso Dios. Desde su origen, la raza humana fue diseñada no para vivir como individuos solos, sino como grupos familiares.

 

  1. Si los padres han estado transmitiendo el pecado a sus hijos, lo quieran o no, por la vía de la herencia, debe ser también la voluntad de Dios (y con mayor razón) que sean facilitadores o cauces de la gracia de Dios hacia sus hijos. Si en la familia abundó el pecado por causa de los padres, debemos razonar que en ella debe sobreabundar la gracia, también por causa de los padres, y así se haga realidad el principio bíblico de Ro. 5:20, “…cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia”.

 

  1. Para repoblar la tierra después del juicio del diluvio, bastaba una sola pareja, pero Dios prefirió valerse de toda una familia, la de Noé: “Entra tú y toda tu casa en el arca; porque a ti he visto justo delante de mí en esta generación” (Gn. 7:1). Esto evidencia el interés de Dios por las familias, valiéndose de una de ellas cuando salvó a la humanidad.

 

  1. En la Biblia está claro el hecho de que Dios bendijo a Isaac, no por causa de él mismo, sino por amor a su padre Abraham, es decir, por los vínculos familiares que tenían entre sí. Pero aún más, para honrar la fe y obediencia de Abraham, Dios no sólo bendeciría al hijo Isaac, sino también a los descendientes de la sangre y la carne de Isaac: (Gn. 26:1-5) “…y se fue Isaac a Abimelec rey de los filisteos, en Gerar. Y se le apareció Jehová, y le dijo: No desciendas a Egipto; habita en la tierra que yo te diré, habita como forastero en esta tierra, y estaré contigo, y te bendeciré; porque a ti y a tu descendencia daré todas estas tierras, y confirmaré el juramento que hice a Abraham tu padre. Multiplicaré tu descendencia como las estrellas del cielo, y daré a tu descendencia todas estas tierras; y todas las naciones de la tierra serán benditas en tu simiente, por cuanto oyó Abraham mi voz, y guardó mi precepto, mis mandamientos, mis estatutos y mis leyes”.

 

  1. Dios ordenó a Israel que celebrara la pascua, no como nación reunida en alguna parte, sino en los núcleos familiares, como una celebración familiar de la realidad de la salvación de Dios: (Éxodo 12:3, 26, 27) “Hablad a toda la congregación de Israel, diciendo: En el diez de este mes tómese cada uno un cordero según las familias de los padres, un cordero por familia… Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró”. A Dios no le interesó resaltar lo personal o lo individual, como hoy lo hacemos, él estaba pensando en su pueblo como conjunto de familias.

 

  1. En el pensamiento de los apóstoles del Nuevo Testamento, la salvación debía ser algo familiar: (Hch. 16:31) “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa”. El carcelero sólo preguntaba por su salvación individual; pero Pablo, en armonía con la dimensión familiar de la celebración de la pascua, entendía que la salvación cristiana debía incluir a la familia del carcelero. Insistimos, en la Biblia el énfasis divino no está en la salvación personal, sino en la salvación familiar.

 

  1. Era requisito para el liderazgo cristiano no la salvación individual (que tanto se enfatiza hoy), sino la experiencia de la salvación familiar. Si un padre no había logrado la salvación de sus hijos, denotaba que algo no estaba completo, y por ello no debía ser líder de la iglesia: (Tito 1:5, 6) “y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; el que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes”.

 

  1. Por eso, la circuncisión de los niños llevaba la intención de unirlos a sus padres cuando éstos hacían un pacto con Dios. En realidad, este es otro principio divino que muchos no logran ver: Que siempre Dios ha ordenado que, cuando hace un pacto con los adultos, los niños deben ser incluidos. Ejemplos bíblicos de esta inclusión de los niños son el pacto con Noé (Gn. 9:8, 9), “Y habló Dios a Noé y a sus hijos con él, diciendo: He aquí que yo establezco mi pacto con vosotros, y con vuestros descendientes después de vosotros.  El pacto con Abraham: (Gn. 12:3; 17:10-13) “Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra…  Este es mi pacto, que guardaréis entre mí y vosotros y tu descendencia después de ti: Será circuncidado todo varón de entre vosotros. Circuncidaréis, pues, la carne de vuestro prepucio, y será por señal del pacto entre mí y vosotros. Y de edad de ocho días será circuncidado todo varón entre vosotros por vuestras generaciones; el nacido en casa, y el comprado por dinero a cualquier extranjero, que no fuere de tu linaje. Debe ser circuncidado el nacido en tu casa, y el comprado por tu dinero; y estará mi pacto en vuestra carne por pacto perpetuo”. El pacto con todo Israel, por la mediación de Moisés: (Dt. 29:10-13) “Vosotros todos estáis hoy en presencia de Jehová vuestro Dios; los cabezas de vuestras tribus, vuestros ancianos y vuestros oficiales, todos los varones de Israel; vuestros niños, vuestras mujeres, y tus extranjeros que habitan en medio de tu campamento, desde el que corta tu leña hasta el que saca tu agua; para que entres en el pacto de Jehová tu Dios, y en su juramento, que Jehová tu Dios concierta hoy contigo”. Así fue con el pacto con David: (Salmos 89:3, 4, 34-37) “Hice pacto con mi escogido; juré a David mi siervo, diciendo: Para siempre confirmaré tu descendencia, y edificaré tu trono por todas las generaciones… No olvidaré mi pacto, ni mudaré lo que ha salido de mis labios. Una vez he jurado por mi santidad, y no mentiré a David. Su descendencia será para siempre, y su trono como el sol delante de mí. Como la luna será firme para siempre, y como un testigo fiel en el cielo. Selah”.

 

Por todo lo anterior, el pacto neo-testamentario, el de la gracia, no podía ser diferente, y así lo entendió Pedro cuando, en Pentecostés, otra vez los individuos arrepentidos piensan sólo en su salvación personal, pero el apóstol incluyó a los niños (Hechos 2: 37-39), “Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare”. Notemos que la palabra del v. 39, “hijos”, es la traducción de la palabra griega téknon, que aparece también en Hch. 21:21, “…diciéndoles que no circunciden a sus hijos (téknon)”, lo que significa que se refiere a niños recién nacidos (la circuncisión se aplicaba a los ocho días de nacido un bebé), y no solamente a hijos grandes. Esa misma palabra está también en Ap. 12:4, “Y el dragón se paró frente a la mujer que estaba por dar a luz, a fin de devorar a su hijo (téknon) cuando naciese”, de donde entendemos que téknon se aplica a un niño a punto de nacer.

 

La única manera como entenderíamos que los niños ya no deberían estar incluidos en el pacto de Dios, sería que él mismo lo dijera. Pero como nunca lo dijo, por respeto a la Palabra de Dios debemos entender que el mismo principio del Antiguo Testamento permanece en el Nuevo Testamento. Por lo tanto, por elemental sentido común, la pregunta correcta no debe ser, ¿dónde dice la Biblia que deben bautizarse los niños?, sino ¿dónde dice la Biblia que no deben bautizarse los niños? En ningún lado de la Biblia Dios prohíbe el bautismo infantil. Por eso, lo que él no ha cancelado, debe estar vigente; es su idea, y debe ser respetada.

 

Este día del Pentecostés, cuando Pedro predicó el primer sermón cristiano, estaba naciendo la iglesia cristiana. Este era el día propicio para explicar si los niños deberían ser sacados de los pactos con Dios, o si deberían permanecer incluidos. Dios los dejó incluidos por boca de su apóstol. Bien, si Dios dio permiso a los niños para permanecer dentro de su pacto de gracia con su pueblo, ¿quiénes somos nosotros para negarles la señal de este pacto, que es el bautismo? ¿Dios les concede lo que es más, y nosotros les negaríamos lo que es menos? ¿Estaríamos en armonía o en oposición a la mente de Dios acerca del lugar de los niños dentro del pueblo del pacto?

 

  1. Así como la circuncisión fue la primera señal del pacto, el bautismo es la señal actual del pacto de gracia. Tanto aquella señal como ésta tienen el propósito de reconocer que los niños deben unirse a sus padres en los pactos con Dios. Algunos han sacado la inexplicable deducción de que los niños no deberían ser aceptados junto con sus padres para ser miembros del reino de Dios. Otros han sacado la deducción de que si bien está permitido que tanto padres como niños puedan ser miembros por igual del reino de Dios, sin embargo sólo los niños están descalificados para llevar la señal de esa membresía. ¡Qué inconsistencia! Conceden a los niños la capacidad para ser miembros del reino de Cristo, pero les niegan la señal de esa capacidad.

 

  1. En última instancia, los niños al crecer aceptarán o rechazarán la herencia espiritual dada por Dios a través de sus padres; pero mientras, deben recibirla de ellos. El bautismo infantil es una ceremonia que va de acuerdo con el criterio bíblico de Dios sobre la familia, y con el criterio bíblico de Dios acerca de quiénes son recibidos por él para concertar sus pactos. Él no rechaza sino que llama y acoge a los niños cuando establece un pacto con sus padres.

 

CONCLUSIÓN: Aquí terminamos el primer tramo de la jornada, y aún no hemos dicho lo más importante. Sin embargo, lo que hemos deducido de las citas bíblicas leídas nos lleva a la conclusión de que nunca fue dada una instrucción de parte de Dios en el sentido de que se excluyera a los niños de los pactos divinos. Dios no está en contra de los niños en ningún sentido. Al contrario, Dios siempre instruyó a los suyos para que los niños fuesen incluidos junto con sus padres.

 

En la siguiente lección abordaremos el argumento contundente que demuestra la necesidad de conservar a los niños dentro del pacto de gracia, y de concederles el signo exterior de ese pacto, que es el bautismo. Descubriremos la enseñanza paulina de la unidad del pacto de gracia en sus dos momentos históricos: El tiempo cuando Dios lo reveló a Abraham, y el tiempo cuando lo reveló a través de su Hijo. Tengamos paciencia y esperemos la siguiente lección.

 

EVALUACIÓN:

 

  1. ¿Qué queremos decir al aseverar que la doctrina del bautismo infantil se obtiene sólo por deducción bíblica? ________________________________________________________

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  1. Dé un ejemplo de otra doctrina que se elaboró por deducción bíblica ________________

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  1. ¿Cómo sabemos que la familia es importante para Dios? ¿Qué referencia bíblica podríamos mencionar? _____________________________________________________

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  1. ¿Qué nos dice el Nuevo Testamento acerca de la palabra griega téknon? _____________

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¿Con cuál ceremonia anterior al bautismo, se distinguía a los niños cuyos padres habían hecho un pacto con Dios en los tiempos del Antiguo Testamento? ___________