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El Bautismo de Infantes III

LECCIÓN 19

EL BAUTISMO DE INFANTES (III)

 

OBJETIVO: Continuamos con el mismo de las Lecciones 17 y 18, y, además, seguimos la progresión numérica de los capítulos.

 

INTRODUCCIÓN: Hemos explicado en las dos lecciones anteriores la base escrituraria para la práctica del bautismo de niños pequeños. Estamos tan acostumbrados a decir que la salvación es personal que hemos olvidado un énfasis bíblico que nos hace entender que Dios siempre ha querido que la salvación sea familiar. Esto no significa que la salvación no sea un hecho personal, pero sí debemos rescatar la idea antigua de que el Señor anhela que sea un evento celebrado y vivido por todos los componentes de una familia. Por eso la Pascua y la circuncisión de los niños eran celebradas de manera familiar, y por eso Dios instruyó a su pueblo a que incorporaran a los niños cuando él hacía pactos con los suyos. Israel era el pueblo del pacto, contados los niños junto con los adultos; y la iglesia es ahora el pueblo del pacto. La circuncisión fue la señal de aquel pacto antiguo hecho con Abraham y su descendencia; pero Dios contaba con que la llegada de Cristo fuera el cumplimiento y perfección de ese mismo pacto, pues era y es un pacto de gracia mediante la fe. El Nuevo Testamento nos informa que el bautismo ha sustituido a la circuncisión, pero no nos informa que los niños deban ser excluidos. En la lección actual, terminaremos este desarrollo bíblico y teológico, anotando conclusiones que hasta hoy estaban pendientes..

 

  1. ADULTOS E INFANTES

 

  1. El bautismo es ordenado a los que creen en el evangelio.

Así como en el A. Testamento se circuncidaban adultos que deseaban ser parte del pueblo de Dios, también hay adultos hoy que se convierten a Cristo y pasan a ser parte de la iglesia o pueblo del pacto, y reciben así la señal del pacto que es el bautismo. A los adultos se les pide que se arrepientan y crean como requisitos para su salvación, y así ser miembros del pueblo de Dios, y posteriormente se bauticen como señal: “Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura. El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” (Marcos 16: 15, 16). Nótese que este pasaje no explica nada sobre el bautismo, pues no es su tema. Se refiere a la evangelización. Se habla de creer porque se refiere a la aceptación del evangelio, no del bautismo.

 

  1. Lo anterior no excluye a los infantes.
    1. Igual que la circuncisión, el bautismo debe estar disponible para los niños.

De ningún modo está en la cita de Marcos la intención de que el requisito de  creer se aplique a los niños, porque uno es el bautismo de adultos y otro el de niños, aunque sean para el mismo fin: llevar la señal de ser miembros del pueblo cristiano. Es lo mismo con el pacto hecho con Abraham, ¡porque es el mismo pacto! Este hecho Dios no lo ha cambiado. Abraham fue circuncidado como adulto por su fe que en ese momento estaba presente, mientras que Isaac fue circuncidado como infante antes de tener fe, en la esperanza de que llegara a tener su fe propia en el futuro. Mientras tanto, bastaba con que la fe estuviera presente, no en el niño sino en su padre. Contéstese a esto: ¿Los niños tienen fe? Sabemos que no. Luego, por ello ¿no son salvos? Cristo y Pablo dicen que sí son salvos (Mr. 10:14; 1ª Co. 7:14). Es claro que el modo de salvación de un adulto y el de un niño son diferentes. Si así lo entendemos, ¿cómo no entender que los modos del bautismo que conmemora la salvación también han de ser diferentes? No pueden ser los mismos requisitos para ambos casos.

 

  1. Entendiendo la Biblia con sentido común.

Si se les exigiera a los niños, ilógicamente, requerimientos que sólo son demandados a los adultos, entonces tendríamos que prohibir a los niños comer porque no pueden trabajar. La Biblia prohíbe claramente que coma el que no trabaje, “Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma” (2ª Ts. 3:10). ¿A quién se le ocurriría aplicar esta condición a los niños, solo "porque la Biblia lo dice"? Ellos no eran sujetos de la amonestación de Pablo, puesto que los sujetos en cuestión eran sólo aquellos adultos que el apóstol sabía que podían trabajar pero no lo hacían. Pablo no estaba hablando de los niños, no eran considerados en su exhortación, y querer considerarlos allí sería una arbitrariedad. Exactamente del    mismo modo, cuando Jesús exigió la fe en aquellos que habrían de ser salvos, no estaba hablando de los niños, no podemos incluirlos en una frase donde no son los sujetos de ella, pues, de hacerlo, incurriríamos en la arbitrariedad de forzar el pasaje a fin de que diga lo que queremos y no lo que Jesús está claramente diciendo. No hay que confundirse, la inclusión de los niños como candidatos a la señal del pacto es asunto de Dios y no requieren ni fe ni arrepentimiento. Pero siempre se ha requerido, en ambos Testamentos, que la fe esté en al menos uno de los padres del niño.

 

  1. El papel de los padres al ser incluidos sus hijos en el pacto.
    1. Dios confiaba en que Abraham, después de circuncidar a Isaac, lo enseñaría a amar al Señor y a obedecerle, “Y Jehová dijo: ¿Encubriré yo a Abraham lo que voy a hacer, habiendo de ser Abraham una nación grande y fuerte, y habiendo de ser benditas en él todas las naciones de la tierra? Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”  (Gn. 18:17-19).

 

  1. No eran los sacerdotes sino los padres de familia los responsables de lograr que los hijos vivieran en los caminos de Dios: “Y cuando os dijeren vuestros hijos: ¿Qué es este rito vuestro?, vosotros responderéis: Es la víctima de la pascua de Jehová, el cual pasó por encima de las casas de los hijos de Israel en Egipto, cuando hirió a los egipcios, y libró nuestras casas. Entonces el pueblo se inclinó y adoró” (Ex. 12:26,27); “Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón; y las repetirás a tus hijos, y hablarás de ellas estando en tu casa, y andando por el camino, y al acostarte, y cuando te levantes. Y las atarás como una señal en tu mano, y estarán como frontales entre tus ojos; y las escribirás en los postes de tu casa, y en tus puertas” (Dt. 6:6-9); “Y si mal os parece servir a Jehová, escogeos hoy a quién sirváis; si a los dioses a quienes sirvieron vuestros padres, cuando estuvieron al otro lado del río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa serviremos a Jehová” (Jos. 24:15).

 

  1. Cuando un niño es bautizado, los padres deben consagrarse públicamente a guiar a ese niño en las ordenanzas del pacto de gracia, esperando que al crecer no se aparte de ellas, como nos lo asegura Pr. 22:6,  “Instruye al niño en su camino, y aun cuando fuere viejo no se apartará de él”. Más tarde, el niño aceptará por fe propia la obra redentora consumada por Cristo, el hecho de ser miembro del pueblo de Dios gracias a la expiación de su Salvador, y sabrá que la señal del pacto ya está en él y es vista por Dios, y la aceptará como un privilegio que sus padres por amor a él le concedieron, por lo que no necesitará recibirla otra vez.
  2. Por la razón anterior, los únicos niños que no deben ser bautizados son los hijos de padres que no sean verdaderamente cristianos, pues no pertenecen al pacto de  gracia. En este caso, si se permitiera el bautismo de un infante cuyos padres no son creyentes, toda la argumentación en favor del bautismo infantil se vendría abajo, y no habría elementos que sirvan de sustento para un bautismo cristiano válido. Del mismo modo que estaría mal celebrar el bautismo de un adulto que no tiene fe en Jesucristo, estaría también mal el bautismo de un niño cuyos padres carecieran de una fe viva en el Hijo de Dios.

 

  1. El bautismo es irrepetible.
    1. Por todo lo visto hasta aquí, el bautismo infantil es válido y bíblico, por lo que todo niño bautizado no debe bautizarse de nuevo al ser adulto. Nadie puede bautizarse dos veces, ya que para Dios el bautismo es único, uno solo basta, según Ef. 4:4-6., “Un cuerpo, y un Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un Señor, una fe, un bautismo, un Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos, y por todos, y en todos”. Hay un solo bautismo pues hay un solo Dios, un solo Señor, etc. El error de rechazar un bautismo válido (como el infantil) y administrar un segundo ritual, podría cometerse aunque fuera inconsciente o involuntariamente. La verdad es que si el bautismo infantil fue celebrado debidamente, entonces ya no existirá un segundo bautismo, no importa cuántas veces ni de cuántas maneras se intente un segundo bautismo. Se pueden repetir solamente las ceremonias o ritos bautismales, pero  no se puede repetir el bautismo, debido a su unicidad.

 

  1. Así como antiguamente la Pascua se repetía, también hoy la Santa Cena se celebra repetidamente. Pero así como la circuncisión se celebraba una sola vez, también el bautismo es irrepetible. Recordemos que en la teología protestante sólo aceptamos como sacramentos aquellas conmemoraciones de la muerte y resurrección de Cristo que tengan un antecedente ritual en la era del A. Testamento. Por eso no podemos reconocer más de dos sacramentos, pues sólo la Cena del Señor es la continuación de la Pascua, y sólo el bautismo es la continuación de la circuncisión.

 

VI.      EL SILENCIO DEL NUEVO TESTAMENTO SOBRE EL BAUTISMO INFANTIL DEBE INTERPRETARSE NO COMO ALGO NEGATIVO (EXCLUYENDO), SINO COMO ALGO POSITIVO (INCLUYENDO)

 

  1. Toda la Biblia es la Palabra de Dios.

Creemos en la totalidad de la Biblia como la unión de dos Testamentos igualmente inspirados por el Espíritu Santo. Lo que se explicó en el Antiguo Testamento, no es necesario que se repita en el Nuevo Testamento. Si Dios incluyó a los niños en la dispensación antigua, nosotros no debemos excluirlos ahora pues careceríamos de autorización del Señor. Si la explicación de que Dios deseó que se incluyera a los niños en el pueblo del pacto, recibiendo la circuncisión como señal de ese pacto, ya está en el A. Testamento, entonces no tiene él por qué explicarlo también en el N. Testamento.

 

  1. Los hijos de creyentes en la época del N. Testamento.

En el N. Testamento no se registra ningún bautismo de algún joven o adulto que haya nacido y se haya criado en un hogar cristiano. Esto es así a pesar de que el tiempo que cubre el N. T. es suficientemente largo como para que existieran muchos casos de adultos formados en hogares cristianos desde niños. Lo interesante es que en el N. T. sólo se relatan bautismos de adultos convertidos del paganismo o del judaísmo, que no eran antes parte de la iglesia cristiana. ¿Qué podría significar esto? Si no se mencionan adultos cristianos bautizándose, ¿no es un hecho que nos obliga a pensar que habían sido bautizados desde niños? ¿De qué otro modo podríamos interpretar ese silencio?

 

  1. No hubo jamás una anulación de la inclusión de los niños ordenada por Dios.

Si en la época del N. Testamento se hubiera anulado la inclusión de los niños que estaba vigente desde el A. Testamento, ¿por qué no hay ni una discusión de algún judío o algún judío-cristiano, a lo largo del N. Testamento, siendo que esa inclusión les era tan importante? Se discutió la cuestión de las comidas, de la circuncisión, del sábado, porque estas cosas estaban siendo cambiadas. Pero, ¿por qué nunca se discutió la exclusión de los niños? Sencillamente, porque nadie los estaba excluyendo. Recordemos que donde había familias que recibían el evangelio se bautizaban todos los miembros de ellas.

 

  1. Si el pacto de gracia antes de la llegada del Salvador incluía a los niños, ¿qué debemos pensar que pasó con ese pacto después de la llegada de Jesucristo? ¿Ese pacto se hizo más generoso o más limitado? ¿Más amplio o más restringido? ¿Más abierto o más cerrado? ¿Se volvió inclusivo o exclusivo? ¿Cuál es la naturaleza del evangelio? ¿Era Dios más generoso en la administración de su pacto en los tiempos de Abraham, y menos generoso en los tiempos de Cristo? ¿Cuál es nuestra deducción sobre esto?

 

  1. Si aceptamos que Dios ha dado su gracia a nuestros hijos, ya que de otra manera ellos serían inmundos, y les negamos la señal de esa gracia, ¿les está dando Dios lo que es más, pero nosotros les negamos lo que es menos? ¿Qué teología sería esa? ¿Vamos en armonía con Dios, o contra él?

 

  1. Si Dios concede el bautismo con el Espíritu Santo a algunos niños, incluso antes de nacer como fue el caso de Juan el Bautista, “No beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo, aun desde el vientre de su madre” (Lc. 1:15), ¿nosotros les negamos el bautismo en agua que es inferior al del Espíritu, e incluso es símbolo de éste? ¿Está, entonces, Dios más equivocado que nosotros? Repetimos, ¿nuestro corazón es como el de Dios, o va en contra de las intenciones de Dios?

 

  1. Si alguno considerase pecado otorgar el agua bautismal a un niño, entonces, ¿no sería peor pecado, y hasta criminal, mutilarlo con una circuncisión? Todo lo que se argumente contra el bautismo de niños tendría que argumentarse, pero con más fuerza, contra la circuncisión infantil explícitamente ordenada por Dios. ¿Nuestra teología prejuiciada nos ha hecho más sabios que Dios?

 

  1. TESTIMONIO DE LA HISTORIA

 

  1. Nunca en toda la historia de la iglesia se cuestionó el bautismo infantil, ni siquiera en las épocas de controversia y cambios. La primera vez que fue cuestionado, fue en el siglo XVI, por los anabaptistas (sector de la reforma radical). Un nuevo rechazo surgió hasta el siglo XX con el movimiento pentecostal. Además del prestigio que le da la fundamentación bíblica, el bautismo infantil cuenta también con el respaldo del respeto que la iglesia de Jesucristo le ha dado a través de su historia.

 

  1. Los reformadores del siglo XVI reclamaron el regreso a las Escrituras como fuente para la doctrina y la práctica de la iglesia. Todos ellos: Lutero, Calvino, Zwinglio, Melanchton, Cranmer, Knox, y todos los demás, revisaron de una manera profunda las prácticas de la iglesia de la edad media, comparándolas con la Biblia. Hicieron grandes cambios que sacudieron a la Europa de ese tiempo. Sin temor a la persecución, enfrentando a los grandes poderes de su tiempo, echaron abajo todo lo que entendieron que no se conformaba con la Palabra de Dios. Y todos ellos, sin excepción, encontraron que el bautismo infantil estaba suficientemente armonizado con la Biblia, por lo que lo conservaron para las nuevas iglesias protestantes. Y luego, Juan Wesley en el siglo XVIII, en medio de uno de los más grandes avivamientos de la historia, revisó también la doctrina y práctica de su iglesia a la luz de las Escrituras, y promovió la transformación de su iglesia madre, pero conservó y recomendó el bautismo infantil porque lo encontraba fuertemente sostenido por la teología bíblica.

 

  1. De los doce grandes cristianos (llamados en la Historia Eclesiástica los Padres de la Iglesia) allá en los primeros años de la vida de la iglesia, nueve mencionan el bautismo infantil en sus escritos aprobándolo, mientras que los otros tres no lo mencionan ni favoreciéndolo ni cuestionándolo. Por ejemplo:

 

  • Ireneo (115-200), el primer teólogo bíblico después de los apóstoles, lo aprobó.
  • Tertuliano (160-220), aunque prefería el bautismo de adultos, aceptó el infantil como válido. Nunca dijo que no fuera apostólico o que fuera una novedad reciente. Su poca valoración de él fue de tipo personal y por razones prácticas, mas no doctrinales.
  • Orígenes (185-254), afirmó que el bautismo de niños databa desde los apóstoles.
  • Hipó1ito (¿160?-236), mencionó lo mismo que Orígenes.
  • Cipriano (200-258), puntualizó la conveniencia de bautizar a los infantes lo más pronto posible.
  • Ambrosio (397), creía que el bautismo abría el cielo a los niños. Aunque no estamos de acuerdo con él en esa creencia, sin embargo debemos notar su aprobación del bautismo infantil, en armonía con la iglesia de su época.
  • El Concilio de Cartago, en el año 253, discutió el tema del bautismo infantil, pero sólo para decidir si lo correcto era bautizar a un niño antes de los ocho días de nacido (recuérdese que la circuncisión se practicaba a los ocho días del nacimiento), o después. Pero la validez del bautismo infantil no fue discutida en absoluto.
  • Agustín (354-430), el más grande cristiano de la iglesia antigua, después de los apóstoles, declaró que la mayor prueba de que el bautismo de infantes databa desde los apóstoles era que no había registro alguno de que algún concilio lo hubiera acordado, sino que era practicado de una manera natural y uniforme en las iglesias de todo el mundo, de generación en generación, desde el inicio mismo de la iglesia cristiana.
  • Ireneo, obispo de Lyon (200-230), dice en uno de sus escritos: “Vino (Cristo) en persona a salvar a todos, es decir, a todos los que por Él nacen de lo alto para Dios: recién nacidos, niños, muchachos, jóvenes y adultos”. El hecho de que San Ireneo mencione tan espontáneamente a los niños y recién nacidos entre los bautizados, muestra que esta tradición era una práctica auténtica e instintiva en la consciencia de la iglesia. Él no estaba discutiendo ni defendiendo el tema, sino solamente enunciándolo como algo universalmente aceptado y fuera de toda discusión.

 

Aquí cabe hacernos una pregunta retórica: El bautismo infantil, ¿va en contra o a favor del testimonio de la historia?

 

  1. CONSIDERACIONES FINALES

 

Es cierto que el Nuevo Testamento, escrito en la era de la iglesia del siglo I, no menciona literalmente el bautismo infantil, pero observemos esto: El Antiguo Testamento incluyó a los niños y la iglesia primitiva posterior al N. T. (la de los siglos II, III y IV), también los incluyó. Luego entonces, ¿qué debemos pensar que hacía con los niños la iglesia del N. T., ubicada en medio del A. T. y de la iglesia de los siglos II, III y IV? Y aún más, tomando en cuenta que el N. T. declara la gracia de Dios sobre los niños, ¿qué es más lógico pensar? ¿Que la iglesia del N. T. practicó, o que no practicó el bautismo infantil? ¿No es absolutamente razonable entender que la práctica de aceptar a los niños se originó en el A. T. y pasó a la iglesia de los siglos II, III y IV a través de la iglesia del siglo I (la del N. T.)? ¿O debemos pensar que la aceptación de los niños "saltó" desde el Antiguo Testamento hasta la iglesia del siglo II? ¿De dónde sacó la idea de bautizar niños la iglesia del siglo II?

 

Los metodistas recibimos la práctica de bautizar niños no de la iglesia católica, sino de la iglesia de la  Reforma. Los reformadores la recibieron a su vez, no de la iglesia católica, sino de la iglesia histórica. Ésta la recibió de la iglesia del N. T. y 1a iglesia del N. T. lo aprendió de las costumbres y enseñanzas bíblicas del A. T. El bautismo infantil se origina desde el A. T.

 

¿Podemos los padres cristianos negar a nuestros hijos el derecho que Dios les ha dado de ser parte de su iglesia? ¿Podríamos creer que glorificamos a Dios al negar su gracia redentora en ellos? ¿Preferiríamos pensar que nuestros hijos no son "santos" (1ª Co. 7:14)? Por supuesto que si creemos que son "santos", es porque reconocemos que en ellos descansa la gracia de Jesucristo como un resultado de que nosotros, sus padres, hemos hecho un pacto con Dios a través del Señor Jesús. Y de ser así, ¿por qué negarles la señal que simboliza y celebra esa realidad? Recordemos, es Dios quien incluye a los niños en los pactos que él  hace con sus padres. Negarles esta señal, ¿no manifiesta menosprecio hacia los niños, sólo por causa de su edad? Hasta allá pueden llegar los prejuicios doctrinales.

 

EVALUACIÓN:

 

  1. ¿Qué enseñanza acerca de los niños nos deja 1ª Co. 7:14? ________________________________
  2.  
  3.  

 

  1. Jesús se refería a los adultos cuando pidió que crean al evangelio antes de ser bautizados. Pero algunos aplican esa instrucción a los niños. ¿Cuál cita de 2ª Tesalonicenses nos ayuda a ver la equivocación de estas personas? ____________________________________________________

 

  1. ¿Cuántas veces se podría bautizar una persona? ________________________________________

 

  1. El pacto de gracia establecido con Abraham incluía a los niños, pero cuando ese pacto se perfeccionó con Cristo, ¿debemos pensar que los niños fueron excluidos o que permanecen en él?
  2.  

 

  1. ¿Qué le enseña a usted el hecho de que todos los reformadores del siglo XVI, y Juan Wesley en el siglo XVIII, aceptaron como bíblico el bautismo de infantes? _____________________________
  2.  
  3.  
  4.  

 

  1. Vuelva a leer el párrafo sobre la opinión de Agustín acerca del bautismo infantil, y comparta a qué conclusión le lleva a usted _____________________________________________________
  2.  
  3.  
  4.  

 

  1.  Comparta una reflexión suya después de haber estudiado las tres últimas lecciones ___________

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